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Juan José Soriano, Coordinador terapeútico de MonteAlminara

Juan José Soriano: «Hay adictos que pueden tratarse en un centro de día y seguir con su vida»

«Ante un adolescente borracho no hay que montar una bronca esa noche, sino hablar con él al día siguiente y ver qué le está pasando»

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Ana Barreales

 Lleva toda la vida trabajando con adictos y ha asistido al cambio de perfiles de los pacientes que trata. Juan José Soriano, educador social y coordinador terapéutico de MonteAlminara asegura que ante un adolescente con un problema de adicción hay que poner más el acento en qué le está pasando que en lo que consume.

-¿Qué se considera una adicción? ¿Han cambiado los perfiles?

-Adicción, como dice la OMS, es una enfermedad provocada por el consumo de sustancias o por algunos comportamientos que afecta gravemente a distintos aspectos de la vida. El perfil ha cambiado muchísimo desde los 80. Entonces eran adictos  sobre todo  a la heroína, con una situación de desestructura a todos los niveles y un deterioro físico muy evidente. Ahora el adicto ha pasado a ser invisible. Son personas con una vida muy normalizada a nivel laboral y familiar, pero con ese problema. Tienen una vida estable y, en muchos casos, trabajan. Por eso son más difíciles de detectar y pasa más tiempo hasta que reconocen  que tienen un problema y piden ayuda. Las sustancias que provocan más adicciones son el alcohol, la cocaína y el cannabis. Durante la pandemia ha crecido mucho el consumo de alcohol y también la adicción al juego, sobre todo a apuestas deportivas online.

-¿A qué edad empiezan a beber  los adolescentes?

-La edad media de inicio en el consumo es de 14 o 15 años, con lo cual hay algunos que empiezan antes, con un consumo muchas veces esporádico, motivado por el entorno social, por la presión del grupo, para socializar, para no sentirse distintos. Pero  ya con 14 o 15 atendemos a adolescentes que tienen un problema de adicción al cannabis, al alcohol, a las apuestas deportivas o a videojuegos. Tenemos que hacer una apuesta fuerte por la prevención. En MonteAlminara trabajamos tanto con los adolescentes como con las familias, porque cuando se presenta este problema a veces tardan mucho tiempo en saber qué está pasando o no saben cómo afrontarlo.

-¿Cómo deberían abordar los padres de adolescentes el que salgan solos y hagan botellón?

-Los padres tienen que estar atentos. Muchas veces ponemos el acento en el consumo y donde hay que ponerlo es en la persona, en qué le esta pasando a ese hijo. Para los adolescentes lo que les diga el grupo de amigos es mucho más importante que la opinión de los padres, que son los que tienen que poner límites, los que no permiten todo, los que no le entienden... Yo les diría a los padres que lo primero es no hacer un drama, segundo estar atentos a los comportamientos que se pueden producir, como por ejemplo si de repente empiezan a no ir bien en el colegio.

-Ante un adolescente que llega con síntomas de haber bebido ¿cómo hay que reaccionar?

-Esa noche, que se acueste, porque montar una bronca entonces no tiene sentido. Y al día siguiente sentarse a hablar, a ver qué le está pasando. Si empieza a no hacer vida familiar, a cambiar comportamientos, a faltar en el colegio, a mentir, a robar dinero, a encerrar se en su mundo y no compartir. Hay que ver qué le ocurre, qué está viviendo que no sabe cómo afrontar, en lugar de poner el acento en por qué consumes esto o esto otro. Y después, si tiene un problema, no hacer un drama, hablar con él, acompañarle y buscar ayuda. Si un hijo tiene un accidente vas al hospital a que le traten, pues esto es lo mismo. La adicción todavía tiene connotaciones muy peyorativas porque se sigue asociando a esos perfiles que hablábamos de los 80.

-¿Incluso en adicciones a internet o a videojuegos?

-Hay aspectos en los que el adolescente, que está en  un proceso de maduración, no se siente cómodo. Y encuentra un nicho donde puede ser el que le gustaría ser, donde no tiene que exponerse tanto y también es un espacio donde se refugia, donde huye… porque a lo mejor tiene dificultades para relacionarse. No se trata de demonizar las redes sociales, porque nadie quiere volver a los años 50, pero consumirlas más de tres o cuatro horas al día ya es un  abuso. Sobre todo si además descuida los estudios, las relaciones sociales, el deporte, la vida en familia. Para educar tenemos que poner límites, los actos tienen que tener consecuencias y también hay que dialogar. Se nos han olvidado esos ratos en familia en los que hablamos. Y no solo tiene que hablar el adolescente. Es muy cómodo eso de decirle: cuéntame. También yo tengo que ayudar hablando de mí y de lo que me pasa. Y dar ejemplo para facilitar esa vida de familia que, a veces, también nos supone un esfuerzo, porque llegas cansado de trabajar y tienes problemas y no te apetece. Pero es que tenemos la responsabilidad de educar y de acompañar a nuestro hijos y eso requiere tiempo.

-¿Qué tratamiento tiene que seguir un adicto? ¿Tiene siempre que ingresar en un centro?

- No necesariamente. Desde MonteAlminara trabajamos también con aquellos que no necesitan un ingreso para empezar la recuperación.  A veces es necesario, porque el nivel de consumo es muy alto y no es capaz de cortarlo por él mismo. En esos casos sí hace falta  un ingreso para realizar una buena desintoxicación, dejar de consumir  y desde ahí  iniciar todo ese proceso de crecimiento, de maduración  para hacer los cambios que al final le lleven a recuperar las riendas de su vida. En Málaga acabamos de abrir un centro ambulatorio para ese otro perfil de personas que en un momento determinado tienen un consumo que no interfiere de forma muy grave en su vida. Y digo esto entre comillas.  Para personas que se dan cuenta de que necesitan hacer algo porque se están haciendo daño. Para esos casos sí indicamos el tratamiento ambulatorio. Pueden continuar con su vida con normalidad y acudir al centro tanto ellos como sus familias para ponerse en marcha. Próximamente también vamos a abrir un centro en Almería  para atender a ese perfil que no llega al grado de deterioro que requiere el ingreso. Pueden continuar con su trabajo o con sus estudios, pero poniendo el acento en esa parte que necesitan mejorar. La adicción es una enfermedad que tiene solución y tenemos que ponernos en manos de profesionales que nos ayuden a que nuestra vida vuelva a tener sentido. No es una lacra, ni algo horroroso. 

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