Emilio Alba, director de Oncología del Clínico y del Hospital Regional

Emilio Alba: «Una mamografía anual entre los 50 y los 70 años disminuye la mortalidad»

El especialista en cáncer de mama reitera la importancia de las revisiones periódicas para favorecer la detección precoz

Emilio Alba recuerda que el cáncer de mama tiene una tasa de curación de entre el 85 y el 90%. / Salvador Salas

Javier López

El oncólogo malagueño Emilio Alba es una referencia internacional en el estudio y tratamiento del cáncer de mama. Director de Oncología de los Hospitales Regional (Carlos Haya) y Virgen de la Victoria (Clínico), Alba reitera la importancia de los cribados para favorecer la detección precoz de esta enfermedad.

-¿Cuáles son los principales síntomas del cáncer de mama?

- Hoy día el cáncer de mama se diagnostica de dos formas: en los programas de cribado, que son casi la mitad de los casos, mujeres que no tienen ningún síntoma, que se hacen una mamografía, se observa una imagen sospechosa que se biopsia y es un tumor y el otro 50% presenta sintomatología de la enfermedad. 

- ¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?

- El más frecuente es notarse un bulto en la mama. Otro es la retracción del pezón, el enrojecimiento del pecho de forma generalizada, la aparición de un ganglio en la axila... pero hoy día son infrecuentes, porque son síntomas de estadíos más avanzados. Así que la mitad se diagnostican sin síntomas y en la otra mitad el síntoma más frecuente es palmarse un bulto en la mama.

- Habla de la importancia de los cribados, ¿a partir de qué edad deben empezar esas revisiones periódicas?

- Sobre esto hay ciencia y política. Lo que nos dice la ciencia es que una mamografía anual o bianual disminuye la mortalidad claramente entre los 50 y los 70 años. Está demostrado que detecta tumores pequeños, que tienen un mejor pronóstico y un mejor tratamiento. Por debajo de los 50 años y por encima de los 70, las cosas ya no están tan claras. Hay una tendencia a disminuir la edad a la que se empiezan las mamografías de cribado y a subirla por encima de los 70 años. Esto, evidencia científica robusta no tiene, pero desde un punto de vista social y político se abren más hacia edades más tempranas y tardías.

- Y junto a esos cribados, ¿cómo deben realizarse las autoexploraciones?

- La autoexploración nunca demostró que estuviera relacionada con el diagnóstico precoz. Para que una mujer detecte que tiene un nódulo en la mama ese nódulo, en el mejor de los casos, tiene que medir un centímetro y medio. De ahí para arriba. Un tumor así se considera que es relativamente grande. Por tanto, la autoexploración, aunque es una práctica recomendada, no sustituye de ninguna manera al cribado con mamografía.

- Junto con la importancia de esas revisiones periódicas, ¿qué peso tienen los hábitos saludables en la aparición o no de este tipo de enfermedad?

- Son fundamentales. El cáncer es una enfermedad genética, en el sentido de que hay una alteración en el genoma y lo que causa esa alteración habitualmente son factores externos; por tanto, es una enfermedad prevenible en la mitad de los casos. El caso típico es el cáncer de pulmón, si la gente no fumara, sería una rareza. En el cáncer de mama los hábitos tienen una importancia alta, pero son difícilmente modificables.

- ¿Por qué?

- Porque en el cáncer de mama con receptores positivos, el más usual, el factor de riesgo más importante es el tiempo que transcurre entre la fecha de la menarquia, de la primera regla, y la fecha del primer embarazo. Cuanto más amplio es ese lapso, mayor es el riesgo. La fecha de la menarquia está bajando por la alimentación infantil, cuanto más gordita está una niña, antes ocurre, y el primer embarazo se retrasa cada vez más. Modificar la fecha de ese primer embarazo sería una cuestión casi de ingeniería social.

- Ya que habla de cuestiones sociales, ¿sigue presente el estigma en torno al cáncer?

- Se ha empezado a diferenciar el estigma. Hace 30 años estaba generalizado. El cáncer es una enfermedad grave. Muchas veces se banaliza, pero es una enfermedad grave, porque en sí lo es y porque los tratamientos son muy agresivos para los pacientes. Es una enfermedad que da miedo e intranquilidad. Pero ahora el cáncer de mama se ha socializado, se ha convertido en un elemento más de la vida cotidiana moderna, porque es muy frecuente, afecta a una de cada ocho o nueve mujeres y, sobre todo, tiene una alta tasa de curación que está entre el 85 y el 90%. Hay muchas largas supervivientes de la enfermedad que se convierten en propagandistas de todo lo que es mejorar el diagnóstico y el tratamiento.

- Al hilo de esas supervivientes, a menudo se plantea el cáncer como una lucha. ¿Es beneficioso para el paciente presentar ese trance como un combate?

- Sinceramente, creo que no. La enfermedad no es una lucha. Introducir ese concepto va íntimamente relacionado con la sensación de culpa. Parece que si no te curas es porque no has luchado lo suficiente. Y eso no es cierto. El cáncer es un proceso biológico en el que las células no saben de tu estado de ánimo. Es una cuestión biológica, anclada a la tierra. Es como la teoría de la gravedad. Tú puedes ser muy positivo, pero si te caes desde un tercer piso, tendrás problemas. Esto no quiere decir que no afrontes la enfermedad de una manera positiva, porque eso mejorará la forma en que vives tu día a día. 

- Y en ese afán de mejora, ¿cuál es el mayor reto al que se enfrenta la medicina frente al cáncer de mama?

- Casi el 90% de las mujeres con un diagnóstico de cáncer de mama están vivas a los cinco años. A los diez años, un 80% y ahí metes el resto de las causas de muerte. Aquí hay dos retos: uno, mejorar el diagnóstico y el tratamiento y, el otro, intentar obtener lo mismo, con menos agresividad para la paciente, con cirugías menos invasivas y con la utilización de test para ahorrarle la radioterapia y la quimioterapia a personas que con esas plataformas sabemos que se puede hacer de forma segura.  

Más entrevistas de Salud es Más >>

Patrocina

Iniciativa de
Diario SUR